
Marco Antonio
Montes de Oca
1932-2009
Rep. Mexicana
DATOS BIOGRAFICOS:
Marco Antonio Montes de Oca (1932-2009 ). Poeta, narrador y pintor mexicano.
Nació en la Cd. de México, el 3 de agosto, 1932.
Estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Fue fundador y secretario del Pen Club de México; ha sido presidente de la Asociación de Escritores de México (1976-1978); redactor de la Coordinación de Humanidades, director de la Colección Poemas y Ensayos de la UNAM; y agregado cultural de México en España (1978-1980).
Fue profesor en la Universidad de Essex, Inglaterra.
Asesor de la Coordinación de Humanidades de la UNAM.
Como pintor presentó una exposición en ANDSA.
Colaboró en Revista Mexicana de Literatura, Estaciones, Revista de la Universidad de México, La Palabra y el Hombre, Pájaro Cascabel, Cuadernos del Viento, El Rehilete, La Vida Literaria, Plural, Vuelta, Novedades y El Excélsior.
Fue becario del Centro Mexicano de Escritores, de 1955 a 1956, y de 1960 a 1961; de la Fundación Guggenheim, de 1967 a 1968, y de 1970 a 1971; del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), de 1989 a 1990; ingresó al Sistema Nacional de Creadores Artísticos, como creador emérito, en 1994.
El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), a través del Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura, le rindió un homenaje, con su exposición Tierra y Tiempo y un ciclo de conferencias acerca de su obra, en febrero de 1994.
Adjetivo para los Ojos:
El poeta Marco Antonio Montes de Oca, opinó Hugo Gutiérrez Vega, “es una de las voces más caudalosas de la poesía mexicana contemporánea. El aspecto esencial de su poesía es la metáfora, la cual usaba con gran desenvoltura y le venía a la mente de una manera espontánea, lo que daba gran riqueza a sus textos.
“Otro aspecto es que dominaba a la perfección el poema largo, la amplia respiración que tiene el poema largo, lo cual es muy difícil de manejar. Las ruinas de la infame Babilonia es uno de los libros fundamentales de la poesía mexicana contemporánea. Su pérdida la debemos sentir muy profundamente, porque sin duda es una de los principales voces poéticas del siglo pasado y de lo que va de éste.”
El autor de Delante de la luz cantan los pájaros: poesía 1953-2000 (publicado en 2000 por el Fondo de Cultura Económica), como todo poeta destacado, “encontró enemigos que en vez de admirarlo y disfrutar la belleza de sus poemas, se dedicaron a encontrarle defectos: la oscuridad, el exceso de fantasía, sobre todo, no lo consideraron capaz de escribir un poema organizado que no fuese mera acumulación de imagen tras imagen. ¿Por qué no se ha querido juzgar a Montes de Oca dentro de sus intenciones y su capacidad personal? ¿Por qué exigirle lo que no deseó hacer?”, escribió José Emilio Pacheco en su libro Aproximación a la poesía mexicana del siglo XX.
Luego de una larga enfermedad el poeta Marco Antonio Montes de Oca fallece en febrero de 2009. Sus restos fueron cremados en una ceremonia intima y discreta.
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Obra Publicada:
ANTOLOGÍA:
El surco y la brasa (traducciones), Fondo de Cultura Económica (FCE), Letras Mexicanas, 1974.
Poesía, crimen y prisión, México, Secretaría de Gobernación, 1975.
Pedir el fuego (obras completas 1953-1985), México, Planeta/Joaquín Mortiz, 1986.
El surco y la brasa (en colaboración con Ana Luisa Vega de Montes de Oca), 2a. edición, FCE, 1989.
Pedir el fuego (poesía 1953-1991), México, Joaquín Mortiz/Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), 1992.
BIOGRAFÍA:
Marco Antonio Montes de Oca (autobiografía), México, Empresas Editoriales, 1967.
CUENTO:
Las fuentes legendarias, México, Joaquín Mortiz, 1966.
POESÍA:
Ruina de la infame Babilonia, Stylo, 1953.
Contrapunto de la fe, México, Los Presentes, 1955.
Pliego de testimonios, Metáfora, 1956.
Delante de la luz cantan los pájaros, México, FCE, Letras Mexicanas, 1959.
Cantos al sol que no se alcanza, México, FCE, 19691.
Fundación del entusiasmo, México, UNAM, Poemas y Ensayos, 1963.
La parcela en el edén, Pájaro Cascabel, 1964.
Vendimia del juglar, México, Joaquín Mortiz, Las Dos Orillas, 1965.
Pedir el fuego, México, Joaquín Mortiz, 1968.
Poesía reunida (1953-1970), México, FCE, Letras Mexicanas, 1971.
Se llama como quieras, México, UNAM, Poemas y Ensayos, 1974.
Lugares donde el espacio cicatriza, México, Joaquín Mortiz, Las Dos Orillas, 1974.
Las constelaciones secretas, México, FCE, 1976.
En honor a las palabras, México, Joaquín Mortiz, 1979.
Comparecencias (poesía 1968-1980), Seix Barral, 1980.
Migraciones y vísperas, México, Oasis, 1983.
Cuenta nueva y otros poemas, México, Martín Casillas, 1983.
Tablero de orientaciones, México, Premià, 1984.
Vaivén, México, Joaquín Mortiz, 1986.
Altanoche, México, Secretaría de Educación Pública (SEP), Lecturas Mexicanas, 1986.
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1
Cargamento
Camino encorvado por mi carga de fantasmas.
Siento que no haya sangre sino humo en mis entrañas,
Pero cómo pesa, cómo hunde la pisada de cada pie hasta volverla abismo.
Cambio mis fantasmas por una tribu de ranas y zarigüeyas,
Cambio mis fantasmas por un séquito de leones y remolinos;
Los cambio en verdad por un plato de lava caliente.
Se hizo arrojadizo el corazón y yo te lo envío
Antes de que tanto fantasma me vuelva bruma las serviciales médulas.
Que un rayo parta al rayo mismo.
Que la luz de adentro fluya entre mis labios
Como un bosque de miel para ti que no pesas,
Para ti que no eres lastre que inventa jorobas para los recién nacidos.
Vuelve a la carga mi batallón de flores.
En la hostia una pequeña fractura denuncia la sangre divina.
El cielo y la tierra se juntan hasta que sólo los separa
Un álamo que agita su follaje como un pandero.
Ya me vence mi muerte, los fantasmas atan mi cuerpo
En profundos esqueletos de coral.
Doy vueltas a la noria, conozco mi deber de esclavo,
Pero no conozco a mi dueño, ni sé por qué estoy aquí.
*
2
Balance
Maté la nube de mis pensamientos,
cedí terreno
a los pensamientos de la nube.
Predije con Apollinaire las nuevas artes,
advertí en un claro del bosque
otras manchas verdeclaras,
ardientes zonas en que pude establecer
una pausa encastillada,
labios que sonríen
en el espejo de la primavera.
Muchas cosas conspiré
con el domingo echado a msi pies,
con el tiempo sirviéndome de suelo
y el espacio, mi leal pareja,
aferrado a mis hombros para no caer.
Muchas veces mil veces
me hundí en sueños más sueños que los sueños,
al imaginarme cómo la golondrina corta,
con la tijera azul de la cola,
ciertas cosas ciertas:
pinos, sauces, tilos
contemplados al trasluz.
Confesé a medio mundo
que ésta es mi hora y no es mi hora,
que todo depende y no depende,
que mis pies han bailado
desde antes de saber andar.
No pude permanecer
ni seguir adelante
ni volverme atrás:
la sola solución fue despertar.
*
3
Caminar Con Mis Huesos En Los Brazos
....................................................................para Graciela y Agustín
Me incorporo con mis huesos en una cajita
Aparto planetas como piedras en una llanura
Y leo de noche toda otra noche roja como cobre en el recuerdo
De mi raza, apenas entendiendo, bajo mi ceguera, la hondura que deletreo.
No me costará nada asomarme a mi estómago de espejo.
Veré el vacío en un puñado de sueños sin pulir.
Todo como siempre anhelara ser-cara, canto o cruz.
La moneda es el sí y arde fija entre los dedos del tiempo.
¡Vaya salvación de quien se castra para desprenderse de su ego
Y del silencio con más silencio tras la pedrada de un eco!
Esto es lo que repito sobre mis botas llenas de sangre,
Lo que repite el halcón que gusta de semillas robadas a la llama,
Lo que recuerda el corazón que busco entre pilas de lunas,
Lo que me hace caminar con mis huesos en los brazos.
Pronto nacerá la ofrenda de reliquias y de cadenciosas orgías.
Reiré de mi ego hinchado a costa de la mañana en vuelo,
De esa mañana parada en un pie y de ese ojo
Parado en el trono de la certera ola salvaje.
Pronto, muy pronto, apartaré de mí almas esponjadas de verdores súbitos,
señas del crepúsculo en quiebra y de la caña destrozada
y del futuro encendido por los dientes del agua mansa.
Así la víbora fija abandona sus cimientos, la montaña repta
Y la muerte es la muerte sentida, no la muerte de los muertos
Que sólo es reposo invencible, victoria sobre la catedral del sobresalto
Pido lo mismo que un libro con las pastas en su centro,
Pido un caballo con la melena llena de libélulas
Pido la paz que pone la piel del universo en la palma de la mano;
Pido pero el reposo súbito no me oye, pido pero la vida
Parece una túnica sobre un trampolín y no va cerca ni lejos.
No sé cuándo vendrá el banderín de arena que tremola sin desgarrarse,
Aparece el huracán de miel contra la siesta del pino umbroso,
Hay temblor en el agua banderillada por la mirada,
No sé si permanecer de codos en la ventana con la visión en el jardín
No sé si camino por una lágrima que se vuelve cuerda y sonríe,
Mas nada me hace dueño de dos orillas. No sé si lo ignoro,
Sólo conozco la hinchazón, la hinchazón del ego, el amor a mí, la soledad
Compartida con otros llenos de amor a nadie, trasfondo de búfalos
A los que no hay trébol ni trigo que se oponga.
Pese a mí mismo me fascina el cielo que esconde su comida de sombra,
Azul de tanto ser, azul de ser alto, azul de no oír el abaniqueo de las migraciones,
Ajeno siempre al penumbroso ruido intermitente.
Yo sé que mi frente es un panal agujereado de pensamientos.
Ese panal donde escurren lágrimas de ámbar
Y donde yo inflo el escombro emigrante, el follaje de la mímica celeste.
Yo amo la vida porque responde a mis espuelas de estrella.
Corro hacia una felicidad sin biografía,
Hacia un aroma intenso que lucha por ser una flor verdadera.
El mundo es menos mundo desde que pateo la metamorfosis de su sombra.
El mundo pierde gas como un globo con arrugas,
El mundo estaría completo sin tanto habitante descabellado,
Sin ese amor que sólo a ratos une tu cuerpo con el mío,
Sin esa feria en que las focas son lívidas pesas de asteroides,
De pronto inmóviles porque su luz se hace roca.
Yo rezo porque una aguja de oro me desinfle
Y vea mis manos como simples manos, mis poemas
Como trenes de palabras silenciosas al subir y piafantes al bajar,
Sobre lo imposible inventado, lo irreal carcomido, el lago sin su áspera camisa,
La camisa pálida sin sus balazos aves en picada.
Dénme agua que me lave el ser de todo lo que soy,
Limpio de conspiraciones, amoroso de mis llagas,
Encantado de mis cicatrices florecientes,
De mi yo sin yo y de mi nombre que canto al callarme.
Mido ahora la distancia entre la eternidad y la burbuja.
Veo en mi alma la sombra de una campana,
el cabello de un trino, las formas que imagina el sonido
Y que no vemos por nuestra cabeza encapuchada con ego y tierra.
Sé que un cementerio explota bajo la huella de una pisada perdida.
Sé de pies que viven dentro de zapatos de hierro.
Sé de cosas extrañas sobre columpios que giran 360 grados
Y que nunca se apiadan de la inmovilidad ciega y casi aciaga
Y que llevan niños intrépidos sin que lancen al suelo su carga preciosa.
Sé de niños que se abrazan a sí mismos con sus propios brazos,
Sin sentir calor ni frío, sólo tufaradas de rosas, esperando el rezo
O el lanzazo de los ojos de búho o al mar que lame sus pies,
O una tarde que sorbe sombra semejante a una cosecha frugal;
Sé de todo lo que vuelve ser al ser, sé del anillo que se ahoga
Y en el fondo permanece enamorado de su piedra extraviada,
Mientras mis sienes se marcan con el primer alfiler de la tempestad,
con el vaticinio del oro que gotea en la memoria,
Con el descenso reconciliado con la cólera de la partida;
pues al fin nos vamos sin nuestra armadura de vanagloria y hielo.
Sé de la piedad de flores que ya no crecen para abrigar al muro:
Ahí reside lo constituido, lo cierto jamás enmascarado
Abierto de par en par como la sandía bajo el filo de un ala terrible,
Como el remo en un océano de musgo que envuelve a una almendra,
A una roca como fatalidad imaginaria que nos ahoga con manos de verdugo
Entre migraciones surgidas a la vuelta de la esquina,
Entre alcantarillas o celdas seculares o maquetas desveladas
En museos que el infierno levanta e ilumina para siempre.
Mas nada asusta como el ego sangrante de deseos
Con sus mirajes ardientes colgados de frutos de plomo,
frutos despeñados desde el ego imbatible de un despeñadero
Crecido por odio a las estrellas.
Nada me asusta sino la suerte del pobre uncido a carrozas de hueso,
Nada sino este morir de todos ante el bostezo de todo,
Este río de peregrinos que barre y quema las migajas del estornino.
La órbita del ego reúne panales de planetas en su órbita hueca.
El ego apaga el aire, la respiración y el vuelo.
Su vientre es una almohada llena de basura que hierve,
Su estiércol trae pies llenos de agujeros
Entre púas que no tienen reposo ni destino.
El ego provoca la amnesia de los tropeles humeantes.
El ego tapona los pezones de la parturienta y de la novia
embarazada desde antes de nacer: el ego, sus frutos y sus ramas
Reclama universos y terreno para sus huestes que nadie sacia.
Acaso el ego es menos ego en el desierto.
En la ciudad se vuelve espantapájaros blindado
Fantasma con collares de carne y miradas de hilo verde,
Hilo que estrangula todo cuanto mira,
Destruye a su portador y apuñala al vecino
o lo cuelga entre las sábanas hasta que su cuerpo
Adelgaza y flota como una sábana podrida.
El ego es todo. Tiene hambre desde el amanecer hasta el año próximo.
El ego atesora oro y carroña, vende en el mercado
las manos del rey, los brazos del pordiosero
lo mismo que los respiraderos de recuerdos azules y las verdes
[bodegas del vino de la vida.
Yo punzo mi ego hinchado, abato el castillo de mí mismo,
Pero al otro día la danza comienza de nuevo,
Sueño en zancos de diamantes, invento corales fastuosos
donde engordo quinceañeras llenas de hambre.
El porvenir extiende su telaraña de manos cercenadas
Y nadie se pasea por la ruta empedrada
De prójimos sin calor, ni vestimenta, ni sustento,
Pero dotados de un ego que espera
Territorios para la indiferencia, comida fresca,
Prójimo reciente, un pequeño almacén donde guardarlo todo,
Virtudes inventadas sobre todo reconocimiento y pleitesía,
Corderos arrodillados dándole calor durante todo el invierno.
El ego es fuerte, no se calma deja que el mundo sobreviva
porque su hambre
jamás se cansa.
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