
ATTILA JÓZSEF
(1905-1937)
BUDAPEST
ALGUNOS ASPECTOS DE SU VIDA:
Attila József nació el 11 de abril de 1905 en Ferencváros, arrabal de Budapest. Esta sencilla frase está, no obstante, recargada de significación. El poeta pertenece a una generación signada por la guerra y por el ascenso del fascismo, y nació en Budapest en una época en que la ciudad, después de un auge vertiginoso, afirmábase como la capital intelectual del país.
1916 Nacimiento de los primeros poemas conocidos de Attila József. Setiembre: Attila József se inscribe en el curso complementario
1922 Junio: Attila József deja el liceo. Un abogado aficionado a las letras, János Espersit, le da su apoyo. Lee los poemas de Baudelaire y de Walt Whitman. Durante el verano, el poeta es cuidador de un campo de maíz; luego acepta un puesto de preceptor. Navidad: Publicación, en Szeged, gracias al cuidado de un pequeño impresor, del primer poemario de Attiia József, titulado Mendigo de belleza (Szépség koldusa) y prologado por Gyula Juhász.
1923 Verano: Attila József regresa a Budapest.
Diciembre: Aprueba el bachillerato como alumno libre. Se gana la vida correteando libros y, luego, como empleado bancario.
1924 Enero: Attila József es acusado de blasfemo a causa de su poema Cristo sublevado (Lazado Krisztus). Setiembre: Attila József se inscribe en la Facultad de Letras de la Universidad de Szeged para estudiar, especialmente, húngaro, francés y filosofía.
1925 Enero: Aparición en Szeged del conjunto de poemas de Attila József No es que yo grite (Nem én kiáltok). Su profesor de lingüística, Antal Horger, lo aleja solapadamente de la Universidad por culpa del tono demasiado audaz del poema Corazón puro (Tiszta szívvel). El poeta inmortalizará ese hecho en su poema A mi día (Születésnapomra). Parte de Szeged.
Setiembre: Attila József se inscribe en la Universidad de Viena y conoce a numerosos emigrados políticos húngaros que, después de la caída de la República, en 1919, habíanse refugiado en Austria.
1929 Febrero: Aparición, en Budapest, del tercer poemario de Attila József, titulado No tengo padre ni madre (Nincsen apám, se anyám). Marzo: Obtiene un cargo en el Instituto Húngaro de Comercio Exterior.
El poeta adhiere a la Sociedad Miklós Bartha, caracterizada al comienzo por una cierta aspiración a moderadas reformas sociales pero que, bajo los efectos de la crisis, comienza a radicalizarse a partir de 1929. La sociedad preconiza la solución de los problemas más candentes por, en primer lugar, la repartición de las grandes propiedades y la reforma agraria. En cierta medida puede considerarse a la Sociedad Miklós Bartha como precursora del movimiento populista de los años siguientes. Investigar la vida del campesinado húngaro: tal era el objetivo principal de aquel movimiento que no se limitaba, por tanto, a la búsqueda científica ni a la literatura, sino que poseía, además, un carácter netamente político. La revista literaria La Pluma (Toll) abre una polémica a propósito de la obra de Endre Ady, en la que participa también Attila József, quien subraya en su artículo "La visión de Ady" (Az Ady-vizió) el carácter revolucionario de aquella obra.
1930 Mayo 20: En la serie de cuadernos de la Sociedad Miklós Bartha aparece el folleto ¡En las aldeas! (Ki a faluba!) de Attila József.
1931 Attila József sufre su primer tratamiento psico-analítico.
Marzo: Publicación de su poemario Döntsd a tókét, ne siránkozz.
Mayo 8: El gobierno requisa el libro.
1935 Febrero: Attiia József recibe un premio literario de 1.000 pengos. Agosto 11: Gran huelga de los obreros de la construcción. Attila József apoya a los huelguistas.
1936 Febrero: Attila József vuelve a obtener una recompensa literaria de 1.000 pengos.
Publicación de una nueva revista literaria de los escritores de izquierda titulada Argumento (Szép Szó), uno de cuyos fundadores y directores es Attila József.
Publicación de la Antología de poetas checos y eslovacos, con numerosas traducciones de Attila József.
1937 Enero: Attila József conoce a Béla Bartók, con ocasión de una conferencia de este último. Thomas Mann, ya desterrado, visita Hungría.
Enero 13: Conferencia de Thomas Mann en el Teatro Húngaro de Budapest. Attila József tenía la misión, encargada por los organizadores de la conferencia, de recibir al gran escritor alemán, pero la policía prohibió la lectura del poema "Saludo a Thomas Mann" (Thomas Mann üdvozlése). Marzo 15: (aniversario de la revolución húngara de 1848, fiesta nacional) Constitución del Frente de Marzo, movimiento democrático de los sociógra-fos investigadores de la vida rural, de los escritores de izquierda y de otros intelectuales progresistas. Attila József saluda entusiasmado al movimiento en la revista "Argumento".
Attila József conoce a Flora K., especialista en reeducación. A ella le dedica las magníficas poesías amorosas escritas durante los últimos años de su vida. El editor Cserépfalvi prepara una Antología de los Poetas Europeos cuya dirección confía a Attila József, quien tiene la intención de insertar en la obra varias de sus traducciones; éste será su último trabajo.
Noviembre 25: El estado de salud de Attila József empeora rápidamente en los últimos años. Es hospitalizado en diversas ocasiones en casas de salud. Está afectado de una grave depresión nerviosa. Diciembre 3: Attila József se arroja bajo las ruedas de un tren en Balatonszárszó.
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AL FIN DE CUENTAS
Yo el heno coseché, lavé calderos
y dormí sobre paja podrida.
El juez me condenó y unos idiotas se burlaron.
Mi luz tiene su origen en un sótano.
Yo besé a la muchacha que cantando
horneaba el pan crocante para otro.
Me regalaron ropa y yo regalé libros
al campesino y al trabajador.
Yo quise a una muchacha adinerada:
me la robó su clase.
Comí día por medio solamente
y me volví ulceroso.
Sentí mi estómago inflamado.
También el mundo es un inmenso estómago
pegajoso y eolítico,
y nuestro pensamiento y nuestro amor son ulcerosos.
Y la guerra no es más que un vómito sangriento.
Se llenó nuestra boca de un ácido silencio.
¡Yo le di un puntapié a mi corazón
para que ahí, ahí gritara!
Las canciones a sueldo, portadoras de olvido,
no son dignas de mi conocimiento trabajador.
¡Me quisieron comprar mi lote de venganzas!
El fraile me indicó: ¡Hijo, confiésate al Señor!
Pero aquel que regresa con las manos vacías
yo sabía que lleva un hacha, una azada y unas piedras.
Arde mi corazón: puedo vencer.
Pero debo tener la audacia
de hacer justicia y de tomar partido
en los duros recuerdos míos.
Mas ¿ qué me importan los recuerdos?
Mejor asiento el lápiz miserable
y afilo la guadaña,
pues ya madura en nuestra tierra el tiempo
silencioso, temible.
(1926)
ARRABAL
Vivo en este arrabal.
Aquí, como murciélagos pequeños,
derrúmbame en sigilo los crepúsculos,
y el hollín, entre suaves aleteos,
va como el guano, duramente,
sedimentando espeso.
Así esta época se posa en nuestras almas.
Y como harapos densos
pesadas lluvias lavan
las decaídas chapas de los techos.
La pena en vano borra de nuestros corazones
lo que ya es pétreo.
Pero también la sangre lava. Y así somos.
Un pueblo singular, enjambre nuevo.
Pronunciamos distinto. De otro modo
se adhiere a la cabeza nuestro pelo.
Ni la mente ni Dios:
el carbón, el petróleo y el hierro
son la materia que nos trajo al mundo,
fundidos en las huecas piezas
de esta terrible sociedad,
quemándonos, violenta,
para que protegiésemos la humanidad
sobre la tierra eterna.
Después de curas, de soldados y burgueses,
por fin nos convertimos, para siempre serlo,
en fieles observantes de las leyes.
Por eso burbujea dentro nuestro
el sentido de toda obra humana,
igual que un violoncelo.
Indestructibles
desde que fuera creado el universo,
nunca a tantos habían demolido,
aunque el pasado es tan inmenso:
en nuestras casas, hambre y cólera,
la religión y el arma se abatieron.
Nunca tan humillado
el vencedor seguro fuera
como nos humillasteis
bajo nuestras estrellas.
Pero al volver los ojos
su escondido secreto nos entregó la tierra.
¡La máquina, nuestro animal de suma —,
ved cómo enfureció en la marcha!
¡Como el endeble hielo de los charcos,
aldeas frágiles se aplastan,
cruje la cal de las ciudades
y el cielo truena si echa a andar la máquina!
¿Quién puede detenerla? ¿El oligarca?
¡Gomo la nuestra fue la infancia
del can furioso del pastor! Creció
con nosotros la máquina.
Bestia dócil, nosotros solamente
conocemos su nombre. ¡Vamos, apostrofadla!
Pero bien vemos que no falta mucho
para que todos os arrodilléis ante ella
y le roguéis, diciéndole,
mintiéndole que es vuestra.
Pero tan sólo aquel que con sus manos
la alimentó, tan sólo ése le interesa.
De modo que así estamos, temiendo pero unidos,
nosotros, hijos —¡sí!— de la materia.
¡Los corazones elevad! Los corazones
pertenecen a aquel que los eleva.
Sólo quien fue impregnado de nosotros
posee tanta fuerza.
¡Arriba el corazón! ¡Arriba! ¡Vamos! ¡A las fábricas!
Este hollinoso corazón, tan grande,
fue visto por aquel que advirtió al sol
en su humo asfixiándose
y oyó el ritmo de muchos pozos de la tierra
en las profundidades.
¡Arriba... ! Alrededor del suelo parcelado
solloza, sufre vértigos, se tambalea
la empalizada azul de nuestro aliento,
cual si se desatara la tormenta.
¡Soplemos fuerte: arriba el corazón!
¡Que humee arriba, como tea!
Hasta que se ilumine al fin
nuestra capacidad, el orden hermosísimo,
con que la mente reconoce
el confín infinito:
las fuerzas productoras fuera
y dentro los instintos...
Esta canción resuena ya en el arrabal.
El poeta —el pariente— observa, observa:
cae, cae el hollín, espeso y suave, y aletea,
y como el guano, densa, duramente,
sedimenta.
Es tintineante el verbo en boca del poeta.
pero él, ingeniero de las hechicerías
del mundo ya existente,
ve el porvenir deliberado y edifica,
muy dentro suyo
como afuera vosotros, la armonía.
(1933)
LLANTO TARDÍO
Estoy ardiendo siempre en treinta y seis grados de fiebre
y tú no vienes a curarme, madre mía.
Como una leve, fácil, etérea mujer a quien apenas llaman,
así tú te acostaste con la muerte.
En el paisaje de este suave otoño
quiero recomponerte con el total de tantas mujeres cariñosas,
pero bien sé que no me alcanza el tiempo.
Me abrasa el fuego espeso.
Cuando fui por vez última a Szabadszallas
concluía ya la guerra,
y en el desordenado Budapest
el almacén estaba sin un pan, vacío.
Yo viajaba en el techo del vagón, atravesado, boca abajo,
llevando algunas papas; en mi bolso también viajaba el mijo.
Testarudo, además había conseguido, para ti, una gallina.
Pero tú ya no estabas en ninguna parte.
Tú fuiste quien me arrebató, para darlo a los gusanos,
el pezón dulce; luego, toda tú te diste.
Consolando a tu hijo, quizá lo reprendiste,
pero era fraudulenta y mentirosa tu voz suave querida.
Eras tú quien soplaba para enfriar mi sopa
mientras decías: "¡Gome: quiero verte hecho un
hombre, ángel mío!"
Tu boca, ya vacía, gusta ahora la humedad pegajosa.
¡No me dijiste la verdad!
¡Mas hubiese valido que comieras tú!
¿Acaso traje yo la cena? ¡Fuiste tú quien la pidió!
¿Por qué curvaste tu columna en el lavado
y te extiendes ahora sobre el fondo de un cajón?
¡Qué dicha si por una vez, siquiera, volvieras a pegarme
Yo mismo me pondría alegre y te contestaría:
"¡Eres inútil, infructuosa, vana! ¡Te desvives por no vivir
y deterioras toda tu sombra!"
Como buena mujer, eres una impostora:
finges, engañas y haces abrigar esperanzas.
Furtivamente diste el fruto de tu viviente fe
y nacido de tus amores: me pariste entre ayes.
¡Eres una gitana que adulando me lo brindaste todo
y en la última hora todo me lo robaste!
¡El niño tiene ganas de decir malas palabras!
¿No lo oyes, mamá? ¡Regáñame!
Poco a poco amanece en mi cabeza.
La leyenda se fue.
Pendiente del cariño de su madre,
al fin descubre el niño el tonto que es.
Quien fue parido de mujer al fin se desengaña,
o así, o porque también él quiere engañar.
Si lucha, muere de la lucha; y si se reconcilia,
entonces muere de la reconciliación.
(1936)
EN VANO EL POETA AULLA
El ratón ancestral del pensamiento
no pensado devora nuestro pan,
derrama entre nosotros sus bacilos
y va de un hombre a otro, sin cesar.
Todavía es su culpa que el borracho,
si es que ahoga el deseo en el champán,
ignore que en verdad bebe la sopa
del pobre horrorizado en su orfandad.
Y porque el numen ya de las naciones
no retuerce los húmedos derechos,
la ignominia del hombre contra el hombre
a las razas incita entre lamentos.
La opresión grazna en grupos; va volando,
como a una carroña, a nuestro pecho,
y como la saliva del idiota
la miseria en el globo va cayendo.
Como el chacal, que hacia los astros gira
para lanzar sus voces, el poeta
en vano aulla a nuestro cielo en donde
solamente titilan nuestras penas.
Alrededor, como herrumbradas, grandes
dagas de acero, ¡oh estrellas, mis estrellas!,
cuántas veces me heristeis hasta el alma:
acá, sólo el morir, triunfante, llega.
Pero, aunque llore, yo, confiado, digo:
¡hermoso porvenir, no serás yermo...!
¡Confiando estoy! Ahora ya no empalan
y antaño sí: lo saben mis abuelos.
Vendrá la calma de la libertad
y se suavizará nuestro tormento.
Y en silenciosas sombras de glorietas
vendrá el olvido sobre nuestro tiempo.
(1937)
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